Vengo del interior
Uno de mis primeros recuerdos concretos de deslumbramiento por el diseño de un auto se remonta a 1986 cuando mi amigo Juan Pablo me mostró un folleto que su padre había sacado de algún lado. Se trataba del Peugeot Proxima. Me impactó. Todo. Su mecánica, su diseño y sobre todo su interior. Con el tiempo […]
Uno de mis primeros recuerdos concretos de deslumbramiento por el diseño de un auto se remonta a 1986 cuando mi amigo Juan Pablo me mostró un folleto que su padre había sacado de algún lado.
Se trataba del Peugeot Proxima. Me impactó. Todo. Su mecánica, su diseño y sobre todo su interior.
Con el tiempo fui leyendo sobre el tema y llegué a un nombre muy importante: Paul Bracq. Este francés trabajó para Mercedes-Benz y luego dirigió el departamente de interiores de Peugeot durante los 80, y este es, a mi gusto, su más grande creación en el rubro interni.
El caso del Proxima es muy particular porque marcó junto al Quasar de 1984 y el Oxia de 1988 el comienzo de la serie de concept cars funcionantes del león.
Volviendo al interior del Proxima lo primero que llama la atención es el anacronismo del capitoné combinado con la última tecnología disponible en el resto del auto, desde la burbuja que hace de puerta y techo hasta las células fotovoltaicas que lo recubren, pasando por su sistema de GPS y las cinco cámaras que miran hacia los alrededores del auto.
El Proxima se presentó en el salón de Paris de 1986 y estaba equipado con un motor V6 de 2.8 litros con dos turbocompresores. Las prestaciones no son para enumerar frente a tamaña pieza de diseño.
El tiempo pasó y finalmente en 1998 pude encontrarme cara a cara con este auto. Otro día les cuento cómo me colé en el museo Peugeot para poder verlo.



