El triciclo de cuando éramos chicos
Con las certezas aportadas por el periodista y hermano Jason Vogel desde Rio de Janeiro a propósito del casual encuentro con un Daihatsu CO10T en Venezuela (comentado en la nota «Un triciclo para niños grandes»), googleando aquel modelo se puede descubrir que gran parte de las páginas encontradas versan sobre el modelo a escala de […]
Con las certezas aportadas por el periodista y hermano Jason Vogel desde Rio de Janeiro a propósito del casual encuentro con un Daihatsu CO10T en Venezuela (comentado en la nota «Un triciclo para niños grandes»), googleando aquel modelo se puede descubrir que gran parte de las páginas encontradas versan sobre el modelo a escala de éste, hecho por la marca japonesa Tomica.
Los que crecimos en Argentina (por lo menos en sus ciudades grandes) a finales de los setenta y principios de los ochenta, y a quienes nos malcriaron regalándonos «autitos», podíamos elegir entre los ingleses Matchbox, los franceses Mayorette, los mencionados Tomica, algunos Corgi y claro está, los excelentes Bubby «made in Santa Rosa de Calamuchita», Córdoba, y los posteriores y peores Galgo, también nacionales. Había más, por supuesto, y hasta China ya empezaba a marcar territorio en el tema, ¡y en plena dictadura «anti-comunista»!
Entre todos estos, mis favoritos siempre fueron los Tomica. Adoraba la calidad de los modelos, la variedad de motivos en su catálogo y las muchas rarezas, que hubiera reproducciones a diferentes escalas, y que la información en los chasis y las cajitas lo detallara.
Las cajitas eran de cartón (al contrario que los packagings transparentes de Mayorette), solían traer la info en dos idiomas (era más fácil entenderla en inglés que con los caracteres japoneses) y la ilustración era una foto real del modelo reproducido (los Matchbox traían dibujos no siempre tan fieles).
En aquella época las buenas jugueterías tenían un dispenser de autitos de cuatro caras compartimentadas con una base giratoria. Podía -y seguro que todos mis contemporáneos también lo hacían- quedarme horas girándolas mientras soñába viajes imaginarios a bordo de cada uno de los autitos que ocupaban esos casilleros. Vivía por y para esos «muebles» y los tesoros a escala que allí habitaban. La escuela podía esperar…
Recién pude cerrar el capítulo niñez cuando, ya bastante grandecito, compré en una juguetería de mi barrio el dispenser bajo condición de llevarme con el todos los Tomica que le quedaban a la señora. No eran muchos, pero también debían ser un clavo para ella, porque para vender un juguete en aquellos tiempos, éstos tenían que tener alguna imagen de «Jugate Conmigo» o cualquier otro de esos programas que hayan dejado una triste huella en la (no tan feliz, digo yo) niñez menemista.
Y fue entonces cuando leí el comentario de Jason y vi las fotos en Internet que decidí ir a visitar mi colección de Tomica, creyendo recordar que algún triciclo tendría y que quizá sería el mero mero que aprecié en vivo y en directo en Venezuela.
Pasé una cara del dispenser y… «frío». Giré a la siguiente y… «frío». Y a la tercera: «¡tibio!». Había allí un triciclo y uno Daihatsu, pero el más chiquitico de todos, el Midget MP, que fue contemporáneo del CO10T, manteniéndose en producción de 1957 a 1972.
Quizá la cajita que lo acompaña no sea tan familiar para los de mi generación y es que se trata de un Tomica mucho más actual. Lo encontré en una juguetería de un shopping en San Paulo unos 10 años atrás, cuando estos «brinquedos» aun entraban en Brasil y hacía años que ya no se veían en Argentina.
¡¡¡Qué lindos son los Tomica!!! ¿Qué les parece si armamos un club y volvemos a ser niños muuuuy felices?
