Ni CLIBA, ni tampoco MANLIBA
No, Choma, sorry: no se trata de una versión ultrarrápida de las barredoras de CLIBA o MANLIBA, aunque barrendera al fin. Escuchá esta historia de la posguerra de Alemania: una población ávida de algunos vicios menores (nada de falopa), como ser café, espirituosas y cigarrillos. Un cigarrillo norteamericano servía de medio de pago corriente, valor […]
No, Choma, sorry: no se trata de una versión ultrarrápida de las barredoras de CLIBA o MANLIBA, aunque barrendera al fin.
Escuchá esta historia de la posguerra de Alemania: una población ávida de algunos vicios menores (nada de falopa), como ser café, espirituosas y cigarrillos. Un cigarrillo norteamericano servía de medio de pago corriente, valor cinco marcos (el atado de Camel, Chesterfield o Lucky Strike, 20 Mark).
Los países de origen de estas delicias eran los del Oeste: Francia, Bélgica, Luxemburgo y por sobre todo Holanda. Los bagallos eran pasados en bolsos, valijas y mochilas, por mujeres en cochecitos con o sin niños adentro, o de manera más profesional en carros tirados por caballos o camioncitos.
Los controles volantes carreteros de la policía aduanera no alcanzaban, porque como alternativa se cruzaba a menudo por campo abierto. Pero donde sí los uniformados podían correr a los Schmuggler era por las calles, caminos y rutas.
La única forma para los traficantes de escapar aquí de sus perseguidores era meterle fierro a fondo. Y para detener a los cazadores usaban lo que nosotros llamamos miguelitos.
Fue cuando la policía decidió dotar algunos de sus tempranos Porsche con escobillones metálicos para despejar la calzada de los malditos tridentes. La eterna historia del gendarme y del ladrón.
La patente FR corresponde a Frankfurt. Aparentemente había algún dispositivo mecánico o hidráulico para subir y bajar las escobillas. Algún que otro observador iluminado anduvo cerca.
