Caballos salvajes

Deportivo como pocos, el Dodge 1500 GT90 era la metáfora metálica del corcel que todo jinete ansiaba bajo su montura: Línea lanzada, con magistral caída del volumen superior, generando un suave y armónico remate de una poblada constelación de curvas que tan sabiamente supieron interpretar el deseo varonil en aquellos años. Deportiva como pocas, esta […]

Deportivo como pocos, el Dodge 1500 GT90 era la metáfora metálica del corcel que todo jinete ansiaba bajo su montura: Línea lanzada, con magistral caída del volumen superior, generando un suave y armónico remate de una poblada constelación de curvas que tan sabiamente supieron interpretar el deseo varonil en aquellos años.

Deportiva como pocas, esta impúdica versión del 1500, era para el versado y exigente volante, la encarnación de los más bajos instintos corporizados en algo más de cuatro metros de puro ardor gonadal.

No en vano, el ecléctico ojo de Raúl Cosulich (uno que de esto entiende y mucho), hace rato se posó sobre el indómito aparato, haciéndonos conocer en largas charlas sus más ocultos secretos.

No es nuestra idea develar los mismos, ya que lo dejamos para la exclusiva velada que el CAS está preparando en la más absoluta reserva y que con nuestro célebre lector de anfitrión, homenajeará a toda la dinastía de los 1500. Aquí el memorable GT90, que se produjo entre 1973 y 1975, y que a bordo de sus noventa caballos, supo allanar el camino de su ilustre sucesor: El GT100 retratado ayer en RETROVISIONES .

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