Los muchachos del Lambda

En un comentario de una nota anterior (click aquí) mencioné al pasar al Lancia Lambda 8a. serie, primer auto de la barra. Revolviendo fotos viejas, aparecieron dos que ilustran esta ¿nota?. No puedo dejar de mencionar a los fotografiados. Son Guillermo Iacona, Aldo Conti (el dueño), Dicky Kenny, Tito Maza y «moi». El que sacó […]

En un comentario de una nota anterior (click aquí) mencioné al pasar al Lancia Lambda 8a. serie, primer auto de la barra. Revolviendo fotos viejas, aparecieron dos que ilustran esta ¿nota?. No puedo dejar de mencionar a los fotografiados. Son Guillermo Iacona, Aldo Conti (el dueño), Dicky Kenny, Tito Maza y «moi». El que sacó la foto ya no está. Cuando apareció el Lambda se vió enseguida que el motor no daba más.

Como el padre de Aldo tenía una agencia Ford en Belgrano, mandó buscar «algun pistón que anduviera» (y los aros). Se los cambió notándose que, al ser el motor de V muy cerrada (6°) y la parte superior del block plana, éstos sobresalían un poquito de costado, como una media luna. Se solucionó rápidamente con un… cortafierros. Eso sí, convenientemente afilado.

Al armar el motor, quedó con una compresión muy alta, ya que los pistones originales eran «algo mas bajos», se quemaba la junta y al pasar la compresión al sistema de refrigeración, salía un chorro finito de agua por la tapa del radiador.

A esto le llamábamos «el efecto ballena», era muy bueno para mojar a señoritas pulposas en la parada del colectivo. Nuevamente se solucionó «al toque» con una junta especial de 1″ (una pulgada) de alto. Un día, Horacio Speratti nos recomendó ir a ver a Homero Diberardino que tenía un auto similar y además, era mecánico.

Céspedes y Moldes, en Belgrano. Una casa que no decía nada, portón al costado y entrada con glicinas. Era el taller de Don Homero, que usaba un Lambda 6a serie, cerrado y tan largo como el que llevábamos como auto de uso diario (sería un modelo del 26 que años después supo ser del recordado «Gallego» Rodríguez). Como estaba abierto, entramos (en esa época no había «sensación» de inseguridad) para encontrarnos con un galpón donde descansaban no menos de cinco o seis Bugatti, un Alfa grandote de preguerra y un chasis pelado.

Le pregunté qué era y me dijo «Tracta». Yo, medio canchero porque a los 18 uno se las sabe todas, le contesté «Ud. dirá Tatra?». Me fulminó con la mirada y repitió «Tracta; el Tatra ES checoeslovaco, el Tracta ERA francés» (Tracta viene de Traction Avant). Resultó que este hombre arreglaba sólo autos franceses de calidad y alguna que otra joya europea (tomar nota que eran autos de uso diario…).

Otro problema del Lambda era que rompía con demasiada asiduidad las hojas maestras del elástico trasero. Se solucionaba con una suerte de palanquín (imaginen un subibaja), ya que no había crique para esa altura (sistema que años más tarde copiaron todos los equipos de Fórmula Uno -¿otro invento argentino no reconocido?-), y el cortafierros entre la hoja rota y el soporte del pseudo chasis (si, ¡otra vez el cortafierros que abusó de los pistones!).

Así, fue y volvió de Pinamar y anduvo un largo tiempo hasta que se reemplazó la maestra. Tengo grandes recuerdos de ese auto, tenía un muy lindo andar, era muy deportivo y muy espacioso atrás, detalle no menor a esa edad; además, doblaba como un tren. Cuando se vendió no lo volvimos a ver, si algún lector sabe de aquel 8a serie, le estaré muy agradecido que me lo haga saber.

Todo ésto quizás parezca un tremendo dislate, pero así se trataba en aquella época a autos que hoy son joyas que valen mucha, mucha plata, y son admirados por las nuevas generaciones (y recordadas con cariño por las otras).

Creo que uno de los pocos «Bonus Tracks» que tenemos los veteranos son los recuerdos, y es bueno compartirlos. Algún día les contaré sobre un viaje a Bariloche en un Ford A a los 19 años, ya que Diego se niega a relatarlo él.

Saludos a todos y LARGA VIDA a RETROVISIONES.

Juse del Castillo

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